25 de julio de 2013

Mensajes a nuestros hijos

“Hijo, eres el mejor! Eres un gran artista!”
“Hijo, me gusta como tocas el piano, lo haces muy bien”

¿Qué diferencia hay entre estos dos mensajes?
En el primero, no especificamos, simplemente halagamos a nuestro hijo, de una forma que podría ser, incluso, un tanto desmesurada. En el segundo, especificamos en qué situación concreta nuestro hijo hace algo que nos gusta y se lo comunicamos.
Los mensajes positivos concretos ayudan a nuestro hijo a distinguirse, a reconocerse, a valorarse y evita la “fragmentación” ( “Si soy el mejor, ¿por qué no soy el que gana los campeonatos de natación en el colegio?). La fragmentación se da cuando hay una parte del niño que quiere crecer y estar bien en el mundo y otra parte que le hace sentir estúpido y que no encaja en él.
El hecho de concretar qué es lo que nos gusta de él o felicitarlo por aquello que hace bien ayuda a nuestro hijo a crecer y a desarrollarse como persona.


27 de junio de 2013

¿A qué Atribuyo una Conducta?

En este artículo quiero hablaros del las atribuciones. Las atribuciones son las explicaciones que le damos a la conducta de los demás. Cuando nos fijamos en el comportamiento del otro le damos un sentido a lo que hace. Esa explicación está influida por nuestras experiencia pasadas. También hacemos atribuciones de nuestra propia conducta.
Es importante reconocer las atribuciones que hacemos. En referencia a conductas que "no esperamos" existen 3 tipos de atribuciones:
Por maldad: no quiere.
Por ignorancia: no sabe.
Por enfermedad: no puede.
Son diferentes maneras de valorar un comportamiento que influirán en nuestra reacción.
Por ejemplo, un niño que está en casa con los padres y no ha hecho los deberes. Los padres pueden pensar que no los hace porque no quiere, y entonces, enfadarse con él. Otra forma de mirarlo sería pensar que no sabe hacerlos, que tiene dificultades, y actuar acercándose a él para echarle una mano.
Otro ejemplo: una persona que no está rindiendo en el trabajo como de costumbre. Si esa persona piensa que está perdiendo capacidades, o que no sabe cómo hacerlo, se puede llegar a sentir mal consigo misma, por incapaz, y llegar a devaluarse. Si atribuye a que está más cansado de lo normal,o que ahora está en otro momento de su vida, será más fácil que se respete en su momento, sin llegar a devaluarse por ello. Si su jefe atribuye su conducta que a que no quiere trabajar, puede verse en serios problemas.
Es importante ver alternativas a nuestras explicaciones. En terapia, como profesional, trabajo desde el acompañamiento proporcionando vías de desarrollo desde las cuales la persona pueda establecer alternativas a sus atribuciones habituales, cuando éstas les pueda traer consecuencias nocivas.


25 de marzo de 2013

La Ruptura de Pareja

Detrás de cada ruptura de pareja hay una fase por la que se ha de pasar, necesariamente. Es la fase del duelo. El duelo conlleva dolor con tintes de tristeza, de rabia, sentimiento de vacío y de soledad.
La persona que sufre el duelo, siente un vacío interno. La parte que compartía con la otra persona ya no existe, deja de estar... Y esa pérdida, que ya no se refiere tanto al otro como al vacío que deja su ausencia, genera dolor.
Durante esta fase vivimos rabia y tristeza. Es importante ser capaces de vivirlas, aceptarlas, para así, dejarlas ir. Al final de este proceso nos conecta con la aceptar la situación y desde aquí, con el amor a uno mismo.
En estos momentos, el apoyo de un profesional nos sirve para transitar la situación y encarar la vida desde otro lugar.

 

17 de febrero de 2013

Triángulos Familiares, 2ª parte

Un segundo tipo de triángulos son los llamados auxiliares. Están formados por un solo progenitor, el hijo que tiene el síntoma, y otro miembro de la familia. Aquí nunca están presentes los dos progenitores.

Hay tres tipos de triángulos:

1.Hijo Sintomático, Hermano y un Progenitor.
Un ejemplo sería una pareja separada donde los dos hijos se han quedado a vivir con la madre. Uno de ellos se identifica con ella y el otro con el padre; éste último puede desarrollar un síntoma debido al conflicto en el que puede entrar con su hermano y su madre.
A menudo se observa que cuando en una familia hay un hijo definido como sintomático, hay otro hermano que tiene el rol “prestigioso” y que suele ser confidente de uno de los progenitores. Suele ser el apoyo de los padres y el receptor de sus quejas. Cuando hay un tercer hermano, suele tener una actitud distante con respecto a la problemática y, más bien, critica a los padres por “consentir” al hermano “enfermo”.

2.Tres Generaciones:
En este caso el triángulo comprende al hijo sintomático, un progenitor y un abuelo/-a. Es un triángulo muy típico de las familias monoparentales. Por ejemplo, un madre soltera ayudada por su propia madre(abuela). Puede suceder que la abuela establezca un vínculo muy estrecho con la nieto (normalmente con el primero) y la madre pueda sentir, por un lado agradecimiento y por otro, rabia.

3.La fratía
Aquí nos referimos al sistema fraterno, formado por los hermanos. Los conflictos entre hermanos hay que verlos a la luz de los vínculos con los padres. Cuando la intrusión parental es excesiva no se desarrollan los vínculos fraternos adecuados. Cuando los hay un trato preferente por parte de el/los progenitores por algún hermano, también suele desarrollarse conflicto entre ellos.
En familias donde un hermano tiene algún trastorno grave (anorexia, psicosis, etc), el índice de cohesión entre los hermanos suele ser bajo.

Cuando en una familia se dan los triángulos, tenemos que ser conscientes de que son origen de situaciones conflictivas donde suele haber un miembro “perdedor” que sufre los síntomas de dicha triangulación.
Buscar la ayuda de un profesional en estos casos, abre una vía hacia el cambio y hacia una reestructuración equilibrada del sistema familiar. 


8 de febrero de 2013

Los Triángulos Familiares, Iª parte

Una forma de desviar la tensión emocional que se puede dar entre dos personas es involucrando a una tercera. Esta tercera persona se encuentra “triangulada”. Un hijo triangulado puede representar para los padres un trofeo, donde ver los logros que ellos no tuvieron, puede ser el campo de batalla donde se refleja la lucha entre ellos o, en un tercer caso, el hijo puede hacer de intermediario, de mediador en la disputa entre los dos padres.
Si el hijo es mayor, puede evitar caer triangulado, diciéndole a los padres que “la pelea entre ellos es cosa de ellos” y saliendo del triángulo. Si es pequeño, puede caer en un conflicto de lealtades, con la eterna cuestión de “en qué bando situarse”, lo que le puede llevar a desarrollar problemas a nivel conductual.

1. Tríadas desviadoras:
Comprende a los dos progenitores y a un hijo. Distinguimos dos tipos:
a) Tríada Atacadora: Aquí los padres se unen para estar de acuerdo en que el hijo es un chico problema. Suele ocurrir que uno piensa que el otro es demasiado exigente y éste, que el otro es demasiado tolerante. No se ponen de acuerdo como padres a la hora de educar al hijo; hay un gran desacuerdo en la relación de pareja. El hijo actúa de “chivo expiatorio”.
b) Tríada Asistidora: En este caso, los padres toman como centro a un hijo que padece una enfermedad que les lleva a sentir benevolencia por él; le protegen, le ayudan; esto le une mucho. El hijo pueden padecer asma, alguna enfermedad psíco-física, etc. Entre los padres, no hay relación de pareja en sí, sino para hacer de "cuidadores del hijo"

2. Triángulo perverso:
Hay dos personas de la misma generación y otra que no lo es. Entre las dos personas de diferente generación se crea una coalición contra la tercera, de una forma oculta, secreta. Por ejemplo, sería una madre y un hijo contra el padre; o un nieto y el abuelo contra la abuela, o abuela y madre contra el padre.

Estos triángulos son muy negativos a nivel relacional y crean pautas de conducta que pueden generar síntomas graves en los individuos que forman la estructura familiar.

Continua...

21 de enero de 2013

Adulto Versus Niño

“A partir de ahora seré puntual”, me dijo Sashil en el último encuentro que tuvimos. Había llegado a las 18h, a la hora a la que habíamos acordado vernos.
Esta vez me llegó la voz del Adulto, la voz del que dice algo habiendo ya tomado partido por ello. Ahora era diferente. Ya no era el Niño, que llegando impuntual, me decía: “Había un atasco en la carretera... Perdona, la siguiente seré puntual”. O que llegaba sofocado, corriendo, diciéndome: "He hecho todo lo que estaba en mis manos para llegar a la hora prevista, pero que no he podido llegar antes".

Esta vez era el Adulto el que hablaba y sus palabras me llegaban con una autenticidad como nunca antes lo habían hecho.



14 de enero de 2013

Sobre la Pérdida

Un médico sabio dijo: " La mejor medicina es amor y cuidados". Alguien le preguntó: "¿Y si no funciona?". Él sonrió y le contestó: "Aumenta la dosis".

Winter es un delfín que quedó atrapado entre las redes y las cuerdas de un barco pesquero. Apareció herido en la orilla de una playa, muy débil. Tras este accidente perdió la cola. Todos pensaban que  moriría. Pero se recuperó. Recuperó la movilidad de su cuerpo por completo gracias al amor y el cariño de los que le rodeaban y de sus ganas de vivir.
Una pérdida supone un cambio y conlleva dolor. Pero cuando perdemos algo, también ganamos algo. Amor y cuidados son los ingredientes que necesitamos para enfrentar esos cambios.
Amar y permitirnos ser amados. De ahí nace la fuerza que nos guía que nos dirigen en nuestro camino para seguir surcando el mar de la vida.



20 de diciembre de 2012

Meditación Osho

Os dejo una entrada sobre una meditación de Osho, que me ha parecido interesante:

Si corres muy rápido, la propia velocidad te produce una intoxicación. Por eso es que hay tanta adicción a la velocidad. Si conduces un automóvil, la mente quiere ir cada vez más rápido. Te hace intoxicar. La velocidad libera ciertos químicos en el cuerpo y en la sangre; por eso te gustaría seguir apretando el acelerador. Simplemente corre a toda velocidad un día y observa qué pasa. Llega un momento en que la velocidad toma el poder: esta es la aceleración de la velocidad.
Justamente lo contrario sucede si vas más despacio. ¿Qué está haciendo un Buda debajo de un árbol? Disminuye la velocidad, nada más. ¿Qué te estoy enseñando continuamente? Disminuye la velocidad. Llega a un punto en el que no haya velocidad en tu interior, en el que nadie corra. En ese momento se produce la atención consciente: te vuelves iluminado.
Hay dos polos: uno es la velocidad; entonces te intoxicas, te vuelves inconsciente. El otro es la ausencia de velocidad: reducir la marcha completamente, totalmente, detenerse absolutamente. Súbitamente te vuelves iluminado.

Primer paso:


Reduce tu velocidad. Come despacio, camina despacio, habla despacio, muévete muy, muy despacio, y poco a poco llegarás a conocer la belleza de la inactividad, la belleza de la pasividad. Entonces te intoxicas, estás completamente alerta y consciente.

23 de noviembre de 2012

Una de Vampiros

¿Has vampirizado o has sido vampirizado alguna vez?
Los vampiros atacan a sus víctimas seduciéndolos con sus encantadoras maneras. Se dirigen a aquello que les interesa, aquello de lo que se alimentan: la sangre fresca de sus víctimas. Porque la sangre es su vida, viven de ella. Se mueven en la oscuridad, la luz los descubriría, dejaría ver quiénes son y tras exponerse morirían.
Los vampiros son bellos, tienen ojos penetrantes y maneras de tratarte que te hacen sentir especial. Puedes llegar a sentir un placer tan grande durante su mordedura, que pese a ser consciente de la clavada de sus colmillos, no te importaría volver a dejarte morder una y mil veces.
El problema es que te dejan sin sangre, sin vida. Entonces, o bien te conviertes en otro vampiro como ellos, o bien desapareces de la faz de la tierra… y no eres persona. Si te conviertes en vampiro estás condenado a ser como ellos, a ir por el mundo acercándote a aquellos de los que quieres conseguir su más preciado valor, personas que tienen algo que los vampiros ansían: qué placer morder la inocencia, la apertura de un corazón tierno o el más preciado sueño de alguien… Es la sangre con la que los vampiros logran recuperar vida. Porque ellos no tienen una vida propia, necesitan la de los demás.
Nuestra parte de vampiros: ¿a quién no le atrae la “sangre”, o los valores más álgidos de los seres humanos?  La bondad, el amor, la inocencia. El problema está en que solamente recoges, te alimentas sin tener la capacidad de compartir lo que recibes, todo tú alimentándote del otro.
Así estás vampirizando, te conviertes en una sombra errante que mata para poder vivir.


19 de septiembre de 2012

Talleres


Gestionando Emociones
Taquigraf Martí, 5. Metro Les Corts, 
Barcelona
Tel.: 620 90 19 90
www.gestionandoemociones.com